ALEXANDER VIVERO
PROXIMA PRESENTACION / UPCOMING PRESENTATION

En el marco del Festival Internacional de Piano, Alexander Vivero y Aranza Ortega presentan un recital con “ecos del siglo XX a dos pianos». El programa reúne tres obras representativas del repertorio orquestal del siglo pasado, todas presentadas en versiones para dos pianos. Comienza con Danzas sinfónicas, Op. 45 de Serguéi Rajmáninov, la última obra orquestal del compositor. Esta obra compuesta en 1940 se presenta en un arreglo elaborado por el propio compositor. El concierto incluye el estreno mundial de la versión para dos pianos a cuatro manos de Sensemayá de Silvestre Revueltas, obra de 1938 basada en un poema del cubano Nicolás Guillén. La segunda parte presenta La consagración de la primavera (1913) de Ígor Stravinski, una de las partituras más influyentes del siglo XX, interpretada en la transcripción para dos pianos que el propio compositor elaboró poco después del estreno orquestal en París.
Programa
El concierto reúne tres obras emblemáticas del repertorio orquestal del siglo XX, presentadas en versiones para dos pianos que revelan con nitidez su arquitectura rítmica, armónica y tímbrica. El viaje abre con el último gran testamento sinfónico de Serguéi Rajmáninov, continúa con un estreno mundial de Silvestre Revueltas y culmina con la energía primigenia de Ígor Stravinski.
Serguéi Rajmáninov — Danzas sinfónicas, Op. 45 (1940)
Versión para dos pianos elaborada por el compositor
Última obra orquestal de Rajmáninov, las Danzas sinfónicas condensan su lenguaje tardío: melodías amplias, resonancias litúrgicas y una orquestación de brillo casi cinematográfico. En la transcripción para dos pianos —realizada por el propio autor— el oyente percibe con claridad la carpintería interna de la partitura: los contracantos, los planos de densidad y las progresiones armónicas que sostienen el discurso.
- I. Non allegro: contraste entre impulso rítmico y lirismo sombrío.
- II. Andante con moto (Tempo di valse): un vals espectral, elegante y descentrado.
- III. Lento assai—Allegro vivace: cita del Dies irae y un final de virtuosismo implacable.
En el formato a dos pianos, la percusión orquestal se sugiere a través de acentos y registros extremos, mientras que la paleta de colores se reinterpreta como diálogo pianístico de gran virtuosismo.
Silvestre Revueltas — Sensemayá (1938)
Versión para dos pianos a cuatro manos — estreno mundial
Basada en el poema homónimo del cubano Nicolás Guillén, Sensemayá es un ritual sonoro de ritmo obsesivo y magnetismo hipnótico. Revueltas construye un crescendo de tensión mediante células rítmicas que se encajan como engranajes y una armonía áspera, terrenal. La nueva versión para dos pianos a cuatro manos traslada ese impulso percutivo al teclado: patrones ostinato, síncopas entrelazadas y golpes armónicos que emulan tambores y metales. El resultado es una escucha en primer plano del pulso vital de la obra, donde cada acento y cada desplazamiento cobran relieve físico.
Ígor Stravinski — La consagración de la primavera (1913)
Transcripción para dos pianos del compositor
Pocas partituras han redefinido la música del siglo XX como La consagración de la primavera. En su versión para dos pianos —que Stravinski preparó poco después del estreno orquestal— emergen con crudeza la construcción rítmica y los bloques armónicos que hicieron de esta obra un hito. La “transparencia” del teclado permite escuchar la ingeniería del ritmo: superposiciones métricas, acentos desplazados y motivos que se fragmentan y recombinan.
- Parte I: La adoración de la tierra: ritual, danzas tribales, energía telúrica.
- Parte II: El sacrificio: líneas estáticas que estallan en violencia rítmica y catarsis final.
La reducción a dos pianos no “empobrece” la orquesta: la reimagina. La crudeza del ataque, el registro grave martellato y los acordes quebrados sustituyen a la masa orquestal con una intensidad distinta, casi coreográfica.
Una velada, tres miradas
Este programa plantea tres formas de entender el siglo pasado: la nostalgia moderna de Rajmáninov, el ritual mestizo de Revueltas y la revolución rítmica de Stravinski. Al escucharlas en dos pianos, se despliegan como partituras de cámara de gran formato: sin velos, sin exceso de color, con el esqueleto y el corazón expuestos. Es una invitación a redescubrir clásicos —y a celebrar un estreno— desde la cercanía, el detalle y la fuerza del teclado compartido.
