
OBRAS DE JOSEPH HAYDN (SINFONIAS)
Las obras de Joseph Haydn constituyen uno de los corpus más sólidos, extensos y coherentes de la música occidental. Joseph Haydn nació el 31 de marzo de 1732 en Rohrau y falleció el 31 de mayo de 1809 en Viena. Su producción incluye 104 sinfonías numeradas, además de otras obras sinfónicas relacionadas, reunidas en el catálogo Hoboken (Hob. I), referencia fundamental de la musicología moderna. Entre ca. 1757 y 1795, Haydn desarrolló casi toda su producción sinfónica, lo que permite observar una evolución continua y excepcional. Las obras de Joseph Haydn muestran cómo la sinfonía pasó de ser una obertura instrumental a un género autónomo de concierto público, con identidad formal definida y alcance internacional.
El contexto profesional fue decisivo para esta evolución. En 1761, Haydn fue nombrado Vize-Kapellmeister de la familia Esterházy. Hasta 1790, ejerció funciones musicales regulares, componiendo de manera constante para la corte. Tras esa fecha, permaneció retenido con salario, pero sin obligaciones diarias, situación que le otorgó mayor libertad creativa. Este marco institucional permitió que las obras de Joseph Haydn se desarrollaran con una coherencia cronológica poco común en la historia de la música.
Las primeras sinfonías, n.º 1–15 (ca. 1757–1764), fueron escritas para orquestas pequeñas y suelen presentar tres movimientos. Ejemplos destacados incluyen la Sinfonía n.º 1 en re mayor (ca. 1759) y el célebre tríptico n.º 6 Le Matin, n.º 7 Le Midi y n.º 8 Le Soir (1761), concebido para exhibir la calidad de la orquesta Esterházy. En el período siguiente, correspondiente a las sinfonías n.º 16–30 (1764–1768), Haydn consolidó la estructura en cuatro movimientos, incorporó el minueto como elemento estable y amplió el desarrollo temático. La Sinfonía n.º 22 El filósofo (1764) destaca por su instrumentación singular y confirma la búsqueda de identidad formal en las obras de Joseph Haydn.
Entre 1768 y 1772, se sitúa el período denominado Sturm und Drang, que abarca las sinfonías n.º 31–49. Estas obras se caracterizan por tonalidades menores, contrastes dinámicos intensos y un dramatismo inédito. Sinfonías como la n.º 44 Trauer (1772), la n.º 45 Los adioses (1772) y la n.º 49 La passione (ca. 1768) reflejan una expansión expresiva decisiva dentro de las obras de Joseph Haydn, sin abandonar la claridad estructural del clasicismo.
La etapa de madurez cortesana, correspondiente a las sinfonías n.º 50–81 (1773–1784), muestra equilibrio formal y una orquestación cada vez más refinada. En este período, Haydn domina plenamente el género sinfónico. La Sinfonía n.º 60 Il distratto (1774) incorpora elementos teatrales vinculados a una obra escénica contemporánea. A partir de 1785, Haydn alcanzó reconocimiento internacional con las sinfonías parisinas n.º 82–87 (1785–1786), encargadas por la Loge Olympique de París. Estas obras, entre ellas la n.º 82 El oso y la n.º 83 La gallina, presentan gran escala orquestal y una elaboración temática particularmente sofisticada.
El período de transición final, correspondiente a las sinfonías n.º 88–92 (1787–1790), refleja una síntesis estilística madura. La Sinfonía n.º 92 Oxford (1789) fue interpretada en el contexto de una ceremonia universitaria, consolidando el prestigio internacional de las obras de Joseph Haydn. La culminación llega con las sinfonías londinenses n.º 93–104 (1791–1795), compuestas durante dos viajes a Inglaterra. Estas obras representan el punto más alto del clasicismo sinfónico. Ejemplos destacados incluyen la Sinfonía n.º 94 La sorpresa (1791), la n.º 100 Militar (1794), la n.º 101 El reloj (1794) y la Sinfonía n.º 104 Londres (1795), última sinfonía numerada del catálogo Hoboken.
Existen datos históricos esenciales que contextualizan este legado. Haydn no numeró personalmente sus sinfonías; la numeración fue establecida posteriormente por editores y musicólogos. El catálogo Hoboken organiza las sinfonías como Hob. I:1–104 y reconoce además obras adicionales (Hob. I:105–108) consideradas sinfonías o sinfonías concertantes. Desde un punto de vista cuantitativo, Haydn compuso más sinfonías que Mozart y Beethoven juntos, hecho ampliamente aceptado en la historiografía musical. Las obras de Joseph Haydn influyeron de manera directa en ambos compositores, como evidencian testimonios históricos y análisis estilísticos comparativos.
En conclusión, las obras de Joseph Haydn constituyen un sistema musical coherente, progresivo y de enorme solidez histórica. Su producción sinfónica ofrece una cronología continua, desde los primeros experimentos hasta la plena madurez clásica, estableciendo los fundamentos estructurales de la sinfonía moderna. Por ello, el estudio de las obras de Joseph Haydn sigue siendo central en la musicología internacional.
